ASCENDENCIA
Hoy es descendencia la palabra guía, bueno, en realidad son dos, dos contrapuestas o tal vez la misma transformada por el paso del tiempo y sus consecuencias, ascendencia y descendencia. Dos palabras, que aparentemente tienen un significado simple y muy delimitado pero que hoy se me antoja, extremadamente amplio y complejo. Ambas palabras, con una referencia ancestral, y nunca mejor dicho, pues de ancestros se habla, ancestral y moderna, permanente, la misma ayer, hoy y siempre, aunque se quiera o intente manipular.
Y de hecho este es uno de los grandes, enormes intentos que se está llevando a cabo por los políticos, y manejadores de las sociedades, por los masones que intentan crear un nuevo orden sólo dependiente de su deidad, de ellos mismos como dioses y manejadores del mundo.
Ascendencia y descendencia, una manipulación necesaria para trastocar y trastornar lo más importante en el ser humano, y me atrevería a decir, que en todo ser vivo, pues la ascendencia y la descendencia es una unión, un anclaje, una unidad que trasciende a todo, indestructible e incorruptible, demasiado cuestionable el ataque, si se aborda de forma directa, pues es el más puro y mayor nexo de unión entre el primero, el que enseña, el que transmite y el segundo, el que aprende, el que recibe. Es por eso que los manipuladores no atacan este concepto de forma directa, sino subliminal mediante ataques a la familia, provocando su desorden, su confusión, originando familias que nada tienen que ver con la ascendencia y descendencia, sino con intereses mundanos, que llevan ocultos la maldad de la destrucción de la importante e imborrable, herencia de la descendencia, que nada tiene que ver tan sólo con la procreación sino más bien con la educación, con la transmisión de la formación y valores, con la enseñanza de la sabiduría que se va acrecentando y superando a medida que la edad avanza. “La edad, como experiencia, es un grado”. Y por desgracia esta destrucción no se limita a la distorsión de la familia como transmisión de enseñanzas, raíces, educación y valores, sino que se extiende a la distorsión total de la Historia, que conjuga el borrado de las verdaderas raíces, como las Visigodas y cristianas de España y las raíces clásicas, bárbaras y cristiana en la formación de Europa, en pro de la búsqueda y de la creación de rivalidad, ruptura, odio y enfrentamiento, aparentemente encubierto en una falsa, burda, etérea e inexistente unidad económica de Europa.
Es como hacer la casa sobre paja, pues antes de soplar el viento, desaparece. Sin embargo, no es esta apariencia la que se busca, sino el exterminar eso tan peligroso que es el Cristianismo, la unión entre la descendencia y la ascendencia, para que unidas de nuevo, confluyan en la eternidad. Sólo si uno acaba por desconocer sus raíces, su lugar de dónde viene y lugar a dónde va, es como se puede manipular a la persona, pues cuando uno tiene claras sus raíces y sus metas, el poder que se genera en la persona ese enraizamiento es tal, que resulta simplemente indestructible.
Jesús nació de una descendencia conocida y anunciada. El Hijo, se hizo descendencia de la unidad en y con el Padre, para mostrarnos la importancia de las raíces, de la procedencia y la necesidad de volver a la misma, como seguir el camino de vuelta a casa, a la paz, al amor, a la unidad. De hecho, ese camino de vuelta está bien indicado y especificado, aunque los discípulos dijeran no saber a dónde ir si Jesús no les mostraba el camino, pues Jesús replicó: “Nadie va al Padre, si no es por el Hijo”. En efecto, así es. El Hijo, vino del Padre, para mostrarnos el valor de la ascendencia, de la descendencia, que con el paso del tiempo, se transforma en ascendencia, asciende al Padre. Es imposible poder imaginar con la limitación inmensa y eterna de la persona, una maravilla tan sublime como la diseñada por Dios, haciéndonos en la misma persona hijos, cuando nacemos de nuestros padres, aprendiendo de ellos, teniendo las actitudes rebeldes, de intentar ir contra su voluntad, y dándonos cuenta con el paso del tiempo, de la veracidad de aquella frase que todos, todos decimos y repetimos, “¡Qué razón tenían mis padres…!”.
Así es, esa es la actitud del hijo con el padre, de querer mandar él siendo ignorante, pero el padre, ama, el padre siempre está ahí, nunca abandona, siempre espera, siempre está dispuesto, no lleva cuenta del mal recibido, no es egoísta, no disfruta con el mal ajeno, con el del hijo, sino que se regocija con la verdad. Claro está, hablo de un PADRE, (o MADRE), pues no entro en disquisiciones sexuales improductivas, que son parte de ese conglomerado confuso que se quiere infiltrar en lo que es realmente una familia, para distorsionarlo y hasta borrar sus raíces genéticas más profundas, en un intento de querer volver loca a la propia naturaleza, queriendo ser lo que no se es, queriendo erigirse en dioses manipuladores de los dones dados por Dios, por el único Dios.
Así el Hijo, desciende al mundo, se abaja, en esta limitación espacio temporal, pero poniendo esmerado cuidado en las raíces, no de forma gratuita y sin motivo, sino por una transmisión transmitida de padres a hijos y de generación en generación desde Abraham, pasando por David, hasta el mismo José, padre de Jesús, y he aquí la enorme belleza, que Dios nos muestra, junto con esa necesidad de transmisión de padres a hijos, y de generación en generación, que no es necesario ser el progenitor biológico del hijo, para ser su verdadero padre, y viceversa. Es decir, aquél progenitor biológico, que no actúa de padre, de amor pleno e incondicional, no es padre, y Dios nos lo muestra, pues lo asemeja al enemigo, y lo aparta del camino, para que no interfiera en la transmisión de valores de generación en generación. Así leemos en el Libro de Samuel:

Aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
- «Ve y dile a mi siervo David: “Así dice el Señor:
….Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mí presencia; tu trono permanecerá por siempre. ”»
2Sam. 7,4, 11-16

Cuántas y cuántas veces, se ve, se lee, como hacía la Santa y sabia Doctora de la Iglesia, Santa Teresa de Ávila, leyendo de forma incansable y absorbente esas vidas de santos, lo que aunque puede parecer obvio se constata como hecho, que de padres santos y piadosos salen hijos a su imagen y semejanza… Como también y tan bien dice el refranero: “de tal palo tal astilla”, y de aquí, de la veracidad de la verdad de los hechos, la necesidad de esos políticos manipuladores masones de quemar el palo, para que no haya astillas.
Y como no podía ser de otra manera, tras esa descendencia que se transforma de forma prodigiosa en ascendencia, sin necesidad de que la descendencia sea biológica, y por poner un simple ejemplo, pongamos el ejemplo de un “simple, o mejor dicho, humilde cura”, Don Bosco, que sin haber conocido mujer, se llenó a su alrededor de hijos que trascienden en el tiempo, 200 años después, y de esas Hijas de María Auxiliadora siempre Virgen, pero hijas.
He aquí el verdadero contenido y significado de la descendencia y de la sublime ascendencia, que con tal nombre la llamamos, la vemos y la contemplamos completamente admirados en esa unión de nuevo del Hijo en el Padre, en esa Ascensión al lugar de donde descendió, para mostrarnos a todos el camino inequívoco a seguir, aunque sople y azote nuestro enemigo, nada tiene que hacer ante nos, pues el mismo Dios, nos defenderá, si tenemos el alma abierta y engarzada en el amor, anclado a nuestras raíces, mostrándonos el camino y la fortaleza de nuestra unión al Hijo y a su Madre, que nos cuida, aconseja y auxilia.

Charo Ferreira
Diciembre 2014