DESNUDO

Desnudo. Palabra aparentemente sencilla, y con un significado, también aparentemente escueto y definido. Desnudo, aquél que no está vestido, aquél que no tiene ropa. Sí, en efecto, para una interpretación, vaga, superficial y mundana, valdría esta interpretación, pero no es el objeto de esta reflexión, sino descender o ascender, en función de cómo se mire, penetrar en la profundidad espiritual del significado de la palabra desnudo. No limitarnos a una lectura pobre, e ineficaz de la misma, como podría ocurrir, si en la definición anterior nos quedáramos en la anécdota al leer el libro del Génesis, como si se tratara de un mero cuento de noche antes de quedarse dormido. Este es el pasaje que desencadena e inspira la reflexión de hoy.

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre:
-«¿Dónde estás? »
Él contestó:
-«Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí. »
El Señor le replicó:
-« ¿Quién te informó de que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol del que te prohibí comer?»
Gn. 3, 9-ss

Enorme contenido el que conlleva la aparentemente simple palabra “desnudo”, pero que en el meditar, desencadena una multitud de pensamientos y sensaciones negativas, que son en resumidas cuentas, indicio de la lejanía de Dios, de lo bueno, pues indica mentira, ocultación, maldad.
Desnudo, frío, inquieto, desolado, abandonado, desahuciado, temeroso, solitario, tembloroso, triste, infeliz, oculto, oscuro, árido, áspero, doloroso, lúgubre, tenebroso, lloroso, apagado, enojado, irascible, tenso, arruinado, sin bienes, falto, deseoso.

Por contra, la palabra, vestido, como opuesto real, es realmente, no la que nos indica la cantidad de prendas con las que adornamos o embellecemos nuestro cuerpo de forma externa, sino la indumentaria de nuestra alma, los sentimientos, la belleza y la paz de nuestro interior. Así pues, la en contra de la palabra “desnudo”, la palabra “vestido”, inspira cercanía de Dios, aproximación a lo bueno, a la bondad, a la verdad, a la paz.

Vestido, cálido, sosegado, arropado, protegido, cobijado, tranquilo, acompañado, sereno, alegre, feliz, nítido, claro, suave, gozoso, luminoso, radiante, risueño, encendido, amable, apaciguado, relajado, rico, repleto de bienes, pleno, pletórico.

La palabra desnudo tiene tanta profundidad como escasez, tantos sentimientos y sensaciones inherentes y arraigados como por el contra los tiene la palabra vestido, y así aparece, la primera, desnudo, en el primer libro, en el Génesis, para indicar la lejanía de Dios, la mentira, la soberbia, la maldad, y la contraria, vestido, entre otras citas, en el último libro, el Apocalipsis “El vencedor recibirá una vestidura blanca, nunca borraré su nombre del Libro de la Vida” Ap.3, 5.

Y San Pablo, no pierde ocasión para reconocer el precioso vestido con el que Dios nos trae al mundo, al mundo de la vida, pues en verdad nacemos desnudos al mundo y en el mundo, así es, venimos desnudos, como eligió el hombre por el pecado, Adán, desnudos sí, pero con la posibilidad de, por el bautismo, poder vestirnos, renovarnos y lucir el ajuar más preciado y blanco que nadie haya visto jamás, aquél con el que venía desde su nacimiento, la Inmaculada Virgen María, aquél que nos reviste eternamente, de las mejores galas, esa que nos recuerda San Pablo en su carta a los Efesios, engalanados y bendecidos con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Ef. 1, 3

Vestido, bienes y dones, que tenemos la necesidad de descubrir, cuidar, guardar y proteger como oro en paño, como nuestra necesaria indumentaria para la vida eterna.