TIBIDABO

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Barcelona se extiende en un amplio llano limitado por las desembocaduras de los ríos Besós y Llobregat. La ciudad, por el lado opuesto del mar, se encarama en suaves ondulaciones por la Sierra de Collserola.

Su punto más alto (518m.) es ocupado por la ermita edificada en 1886 que aún hoy se conserva al lado de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, concluida en 1961.

Tibidabo es la unión de dos palabras latinas tibi-dabo (te daré) tomadas del evangelio de San Mateo,4.9, que recuerda la tercera tentación de Satanás a Jesús en el desierto: “Te daré todo esto, si postrándote me adoras”.

Los monjes Jerónimos imaginaron que el diablo podía haber tentado a Jesús, ofreciéndole desde esta cumbre toda la riqueza de la ciudad de Barcelona.

El nombre dado por los Jerónimos a esta cima preanunciaba ya su destino religioso que cuajó en la iniciativa de doce caballeros barceloneses aceptada y potenciada por un santo en 1886.



¿Por qué un templo al Sagrado Corazón de Jesús?


En una escritura notarial fechada el 30 de enero de 1876 consta que doce caballeros compraron a don Cristóbal Obiols y Ampreciós en común e indivisamente, dos fincas “en la cúspide del Tibidabo” con una extensión global de 26.930 metros cuadrados “junto con una casita,

hoy día derruida, dentro de dicha pieza de tierra, viña y bosque”.

Diez años después visitaba Barcelona San Juan Bosco con una estancia de cuatro semanas desde el 8 de abril al 6 de mayo de 1886.

Venía a consolidar las Escuelas Profesionales de Sarriá, fundadas dos años antes, y a conseguir ayudas para el Templo del Sagrado Corazón de Jesús que,

por encargo del Papa, estaba construyendo en Roma junto a la actual estación Termini.

Esta noticia sugirió a los doce caballeros que había llegado el momento de cumplir su compromiso de reservar la cima del Tibidabo para el culto cristiano

(no a la pura diversión, ni alguna secta,

como parece se había intentado).

Aquel sacerdote con fama de santo, que afrontaba la responsabilidad de una construcción en Roma,

bien podría, ayudado por sus hijos, los salesianos,

llevar a término algo semejante en Barcelona.

Por este motivo, el 5 de mayo de 1886,por la tarde, cuando Don Bosco iba a agradecer

a la Virgen de la Merced

-representada en piedra sobre la puerta de la Cripta-

los bienes reportados con su visita,

recibió de los propietarios un pergamino que decía:

“Para perpetuar el recuerdo de vuestra visita a esta Ciudad, se han reunido estos señores, y de común acuerdo han determinado cederos

la propiedad del monte Tibidabo,

a fin de que en la cumbre del mismo,

que amenaza convertirse en un semillero de irreligión,

se levante un Santuario al Sagrado Corazón de Jesús

para mantener firme e indestructible la religión

que con tanto celo y ejemplo nos habéis predicado

y que es noble herencia de nuestros padres”.
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Don Bosco respondió conmovido:
“Me hallo todo confuso por la inesperada y nueva prueba que me dais de vuestro sentimiento religioso y de vuestra piedad.
Os lo agradezco; y sabed que en estos momentos
sois instrumentos de la Divina Providencia
porque cumplís sus inescrutables designios.
Cuando salí de Turín, pensaba para mis adentros:
“Ahora que está casi terminada la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma;
preciso que estudie otra empresa para honrar y propagar esta salutífera devoción.
Y una voz interior me tranquilizaba pensando que aquí podría satisfacer mi deseo;
era una voz que me repetía:
¡Tibidabo! ¡Tibidabo!
(te daré,te daré).
Sí, señores; sois los instrumentos de la divina Providencia; con vuestra ayuda muy pronto se levantará
en este monte un majestuoso santuario
dedicado al Sagrado Corazón de Jesús,
en el cual todos podrán acercarse a los Santos Sacramentos y será un perpetuo recuerdo de vuestra caridad y de vuestro afecto a la religión católica
de la que tantas y tan hermosas pruebas habéis dado”.


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